
En estos días se repiten en muchos de nuestros pueblos y ciudades estampas de las salidas de hombres y mujeres, caballistas, carriolas y charrets que, siguiendo a su "simpecao", se disponen a hacer el camino rumbo a la aldea del Rocío para su encuentro con su Virgen. Una tradición que se renueva cada año y que está llena de flolclore, fiesta y devoción.
Mucho se ha hablado y se ha escrito sobre el significado del "camino" o del sentido de la romería en sí y creo que poco puedo aportar sobre este tema, simplemente porque nunca he sido partícipe de este evento y solo lo conozco por lo que me cuentan personas que sí que la han vivido. Por eso quiero que me entiendan este artículo como una reflexión en voz alta, una simple opinión de alguien que lo ve desde fuera, respetando todas las posturas y las vivencias y emociones de cada cual.
Entiendo que la fe y la devoción de mucha gente pueda mover montañas y su apego hacia la "Blanca Paloma" sea uno de los referentes de su vida, comprendo también lo de festivo tiene una romería y, por ende, de exaltación de la alegría. Quizás mi punto más crítico va en la dirección de esa mezcla "chirriante" entre religión y fiesta. No quiero decir con ello que no veo bien que no se manifieste la "expresión" más popular, pero cuando ese ingrediente festivo supera lo puramente eucarístico, pienso que se puede distorsionar todo el sentido de la romería.
Creo que los que participan en el camino y en la romería en sí deberían ser sumamente respetuosos con todo aquel que va, vive y siente el evento como expresión de su fe, sus promesas y su convicción cristiana. La pena es que cada año se repiten y de forma creciente las escenas donde la romería queda enturbiada por episodios lamentables donde el alcohol y otras drogas se convierten en protagonistas de la fiesta. Excesos que perjudican el propio sentido de una de las romerías más antiguas e importantes de nuestro país, sin mencionar los destrozos ambientales que conllevan los días de camino, el maltrato a animales o los disturbios en la propia aldea. Respetemos a todas y cada una de las personas que optan por vivir estos días en un romería en su sentido más puro de la acepción. Las juergas y las fiestas tienen otros escenarios para ellas...