miércoles, 4 de agosto de 2010

AMORES DE VERANO




Como cada verano, fuimos a pasar un par de semanas al pequeño pueblo de mis abuelos maternos. Esos días le servían a mi padre para desconectar de la rutina laboral y a mamá para reeencontrarse con su familia. Al contrario de lo que ellos pensaban, aquel lugar no era nada tranquilo y para mí, un chico de 12 años, ofrecía mil cosas que hacer que durante el invierno no podría: pasear en bicicleta por sus alrededores, bañarme en el lago junto a los huertos, transnochar contando historias en la plazuela o perderme entre sus callejones haciendo alguna que otra trastada.

Ya venía siendo habitual celebrar nuestra fiesta de verano en la casita de campo de mi colega Boni, juntarnos los amigos y quedarnos hasta las tantas para acabar con un chapuzón en la piscina a altas horas de la madrugada. Hasta el día de la fiesta no la ví, entró pizpireta y la noté mucho más guapa que el año anterior. Al verme se quedó un poco ruborizada y le respondí ofreciéndole una resfresco de los que estábamos preparando. Allí estaba ella, la persona con la que compartí cientos de email durante el invierno, muchas charlas y alguna que otra foto. Había sido mi apoyo en este primer curso de instituto y, a pesar de la distancia, la notaba cerca cada vez que encendía mi ordenador. Ella también me había confesado muchos de sus secretos, inquietudes y debilidades. Eso sí, ahora era distinto, estábamos tan cerca, cara a cara, que el exceso de confianza nos frenaba a mostrarnos tal y como éramos.
Apenas hablé con ella en toda la noche. Ya de madrugada, cogí mi guitarra y quise mostrar mis adelantos con este instrumento que tanto me fascinaba. La primera canción que hice sonar fue su preferida, aquella que tanto le gustaba. Al terminar de cantarla, se levantó y mi dió un efusivo y cariñoso beso en la mejilla. Fue mi mejor regalo aquel verano.

1 comentario:

∫эЅšψ dijo...

Y la inocencia de esos amores? Parecía que el mundo se quebraría con la despedida y la certeza de un adiós definitivo yluego resultaba que la vida seguía.

Pasaba de casualidad y me hizo sonreír la entrada.

Un saludo!