
El poeta arrancó una nueva hoja casí en blanco de su cuaderno y la lanzó sin ganas a la papelera. Una papelera que ya rebosaba folios apenas escritos y todos con un mismo final, bolas arrugadas fruto de la desesperación del escritor.
Quizás no estaba motivado, quizás demasiado cansado para crear, quizás la diosa de la "inspiración" no venía a visitarle esta noche, vete tú a saber. Sea como sea, casí sin darse cuenta el viejo reloj de la pared ya había sobrepasado las cuatro de la madrugada y el poeta seguía cabizbajo postrado en el sillón de su escritorio.
No consciente de la hora y aún con esperanzas que podría seguir con su libro de poemas inéditos, encendió el ordenador. Nunca fue defensor de las nuevas tecnologías para el oficio de escritor; es más, nunca antes se puso frente a la pantalla para escribir sus versos.
Aburrido de la situación pero sin darse por vencido, rechazó la idea de ponerse frente al teclado y con un botonazo de enfado apagó el equipo informático. Se rodeó entonces de sus mejores plumas estilográficas, aquellas que guardaba para ocasiones especiales y quiso poner música de fondo. Quizás así podría empezara esos versos que tanto ansiaba.
De repente una joven se asomó a la puerta entreabierta de aquel desordenado estudio, sorprendida entró y se agachó frente al poeta que seguía con su afán de poder escribir, rajando nuevas hojas y arrojándolas cada vez más deprisa a su alrededor. La joven quiso tranquilizarlo, pero en un primer momento el poeta no cesó. Minutos más tarde, el poeta embelezado se quedó perplejo mirándola y deteniendo todos sus bruscos movimientos. ¿Quién eres?, preguntó...
Entonces la joven, con los ojos inundados de lágrimas y acariciendo con cariño el cabello del poeta, como si de un niño pequeño se tratara le constestó: "Tu hija, papá, soy tu hija"
A punto de acabar el Día Internacional del Alzehimer, he querido dedicar esta entrada a todas esas personas que sufren la enfermedad y, como no, a todas aquellas que cada día se afanan para hacerle la vida más fácil a los afectados. Ojalá algún día, más pronto que tarde, puedan ver una luz en este oscuro túnel del olvido.